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Reportajes mayo 2, 2009

Cascas: la tierra prodigiosa

Uva de exportación para exigentes paladares

Fiorella Sevedón Amaya

En el caso de Cascas, capital de la provincia de Gran Chimú, no le va aquel refrán que dice “Dios le da pan al que no tiene diente”, pues sus pobladores sí saben lo que tienen. Lo defienden y aprovechan de la mejor forma: cultivándola.

Gama de sabores, colores y tamaños.

Gama de sabores, colores y tamaños.

Aquella tierra portentosa ubicada a dos horas y media de Trujillo (en bus) concentra una gran variedad de plantaciones de uva nunca antes vista en la región por esta redactora. El suelo ha demostrado ser tan bondadoso con los lugareños y con nosotros los libertemos que podemos degustar de sus más ricos frutos.

De allí la denominación: Cascas, tierra prodigiosa de la rica uva y buen vino. Aquí la vid floreció hace 40 años y a lo largo de todo este tiempo los agricultores han experimentando con múltiples variedades de las mejores uvas del mundo.

Entre las que destacan Alfonso Lavallet, Reg Globbe, Ribier, Moscato de Alejandría, Borgoña, Topson Siles, Gros Colman, entre otras. Aunque actualmente se cuenta con aproximadamente 2 mil hectáreas de esta última variedad equivalente al 80% de la producción general.

Este tipo de uva se ha venido mejorando con el paso de los años con la intervención de patrones (semillas) americanos resistentes a plagas y enfermedades. Es por ello que los viticultores han dado lugar a la variedad “Negrita de Cascas”. Deliciosa vid que viene ocupando un gran lugar en las preferencias de consumidores ecuatorianos y pronto de colombianos.

Representante de viticultores, Hebert Hugo Villalobos Palacios.

Representante de viticultores, Hebert Hugo Villalobos Palacios.

Así lo sostiene el presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios Industriales y Exportadores de Cascas (Aspaie), Hebert Hugo Villalobos Palacios. “Nuestro objetivo es llegar a mercados ubicados al norte del país como Colombia y Ecuador, es por ello que en este momento producimos uva de calidad que cumple estándares internacionales”, destacó.

Cultivo de uva ecológica

Enfatizó que la vid que cultivan los 400 socios que conforman la asociación es ecológica, ya que durante los diversos procesos por los que atraviesa la planta se emplea productos orgánicos. “La aplicación de buenas prácticas no ha sido tarea fácil, pero gracias a la constante capacitación y asistencia técnica que recibimos gracias de un proyecto cofinanciado por Incagro ya tenemos resultados positivos”, indicó.

Se trata del proyecto de innovación productiva y comercial de los productores de uva de los sectores Palmira, La Cienaga y El Espejo  de la provincia de Gran Chimú. El mismo que tiene como fin capacitar constantemente al agricultor para mejorar la calidad de sus cosechas, además de organizarlos para lograr alianzas estratégicas que propicien la comercialización de sus productos.

En mejor presentación y conservación.

En mejor presentación y conservación.

Villalobos Palacios señaló que Aspaie mensualmente obtiene 16 mil cajas de vid. El  75% se vende al Ecuador y el 25% restante se destina al mercado regional y nacional. Siete nuevos soles es el costo en chacra de una caja de uva de cinco kilogramos, aunque los productores consideran que su precio debería ser nueve soles para que compense el costo de producción.

“A comparación de campañas anteriores el costo de producción ha disminuido por el uso de abono y fertilizante orgánico, pero a pesar de ello no es compensado por el precio de  venta de la uva en chacra”, manifiesta el viticultor Ricardo Córdova Morales.

En tanto Gonzalo Sagastegui Castillo nos recuerda que así ellos produzcan la mejor uva del Perú no podrá ser comercializada oportunamente mientras no exista una carretera asfaltada. “Este es un problema que nos afecta a todos y esperamos que las autoridades pongan atención. Desde hace años nos dicen que las condiciones mejorarán pero hasta ahora no se hace realidad esta promesa”.

Sin asfalto se corre riesgo.

Sin asfalto se corre riesgo.

A pesar de este inconveniente la conformidad no se ha apodera de ellos. Sus ganas de consolidarse en viticultores líderes de fruta fresca, dulce, rica y ecológica los llevaron a conformar Agroexportadora Cascas. Empresa que congrega a 12 asociaciones y que buscan sacar a la luz a la “Negrita de Cascas”.

Delicia que dentro de poco será comercializada en resistentes cajas de cartón con su logotipo y sello de calidad correspondiente que caracteriza a la uva de esta parte del país y del mundo. Lo mismo ocurre con su derivado el vino y pisco de Cascas que gracias al registro de propiedad industrial en Idencopi la Asociación de Vinicultores de Cascas ya cuenta con su propio logotipo “Gran Cascas”.

No cabe duda que Cascas es una tierra bendita. Todo tipo de planta se acopla a las condiciones de la tierra y por supuesto del clima. Ninguna se resiste a convivir en este lugar. Desde frutales, verduras, menestras, cereales, hasta diversos tipos de flores siembran los agricultores en este pequeño y al mismo tiempo enorme paraíso de la región que requiere ser fomentado y revalorado.

Uno de sus derivados

Uno de sus derivados

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Puerto Chicama y su triste realidad

La crónica de Malabrigo

Fiorella Sevedón Amaya

A paso lento y con mirada penetrante que busca transmitirla en lo más profundo del océano hallamos a Laura Morales. Su brazo derecho le permitía apoyarse en un cerco de carrizo azul ubicado frente al sector de hospedajes existente en Puerto Chicama o también conocido Puerto Malabrigo. Sobre el suelo y junto a ella también reposa un poco de agua de océano que concentró en un pequeño balde a punto de dar de baja.

Es la 1 de la tarde y el ambiente se torna tremendamente sofocante, pues el sol se impone como en todo verano, sin embargo, los pies arrugados de Laura –por el paso de los años– llevan puestos unos calcetines desgastados tono amarillento.

Laura y su constante pesar

Laura y su constante pesar

Como todos los días ella recoge agua marina para llevarla a casa y calmar la picazón de sus pies remojándolos en una tina. Supone que tiene hongos pero no puede combatirlos con medicina química, su alarmante situación económica se lo impide. Desde que su esposo dejó de trabajar en la pesca todo ha cambiado, pues ni quisiera tienen seguro de vida.

Laura ha experimentado que la salinidad de este líquido calma por algunas horas el malestar que siente, pero lo que no logra es sosegar la angustia que le embarga al pensar en el futuro, en lo que pueda ocurrir la mañana siguiente cuando ni siquiera tienen qué comer. Eso suele ocurrir muchas veces pero trata de paliar esta condición  recogiendo y vendiendo botellas plásticas usadas a recicladores.

Es consciente que debe sanarse como dé lugar, aunque sea momentáneamente y con los recursos a su alcance, para poder atender a su esposo e hija. Ambos enfermos.

El, un ex pescador del puerto que lleva más de tres años postrado en su hamaca. La fragilidad de sus piernas y cuerpo le impiden caminar. Ella, su hija, de 45 años, vuelva en su imaginario mundo donde todo es paz y felicidad. La señorita sufre de esquizofrenia.

Por ahora su único sustento es su hijo que trabaja en una de las fábricas de harina de pescado del lugar, pues en Chicama el 100% de las familias vive de las actividades que derivan de la extracción de recursos hidrobiológicos, aunque el 60% son pescadores. Los mismos que experimentan apenados de su realidad. Aquella que les refriega en su cara la escasés de peces.

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Las harineras abundan pero no se ve desarrollo

La carencia de dinero impide a Marco comprarle los útiles escolares a Bryan. No hay pesca, y tampoco hay cupo en el embarque de harina de pescado que por estos días se realiza en el desgastado y riesgoso muelle de Puerto Chicama. Las 24 horas del día trabajan un aproximado de 600 trabajadores laboran por turnos y en cuadrillas embarcando sacos de este producto, sin importarles el riesgo que corren sus vidas.

Un pez en el agua

“Total que nos queda si en nuestras casas igual moriremos pero de depresión, abandono, hambre”, asegura don Esteban Palma de 71 años. Al igual que otros pescadores desde el muelle lanza su red al mar a las 8 de la mañana para captar las bendiciones de la madre naturaleza. Son las 6 de la tarde y es la hora de recoger la red, la siente liviana, sin peso, pero mantiene viva la esperanza y espera un milagro divino.

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¿Y a dónde se fueron los peces?

Un bebe bagre y una lisa mediana son el resultado de su jornada. El mismo ritmo de pesca se repite con Jonás de 78 años. Aunque él decidió forrar bien su cuerpo y trabajar de corrido toda la madrugada, pues en casa lo espera su esposa y tres nietos por mantener.No es por su edad que no puedan trabajar en el embarque de harina, que por cierto se da tres o cuatro veces al año, sino que no lograron cupo en la programación de la jornada.

¿Y los compromisos de Aprochicama?

Las 10 empresas pesqueras existentes en Malabrigo envían el 30% de sus mercancías por este puerto, y el 70% restante lo despachan mediante otros puertos, aunque Aprochicama (asociación de congrega a estas industrias) se comprometió a enviar el 50% de la producción por el muelle del lugar.

Sin embargo, los mismos trabajadores son conscientes de las fatales condiciones de su principal herramienta de trabajo, las que no son dables para magna labor y para lograr un embarque óptimo.

Para lograr la salida de los sacos de harina por Puerto Chicama tuvieron que reparar con dinero propio y otro tanto prestado la estructura del muelle y las herramientas necesarias para una eficiente labor.

Por suerte están asociados en tres cooperativas –Bahía, Express, El Futuro– las que les permite acceder a determinados beneficios y unidos para exigirle el estado cumpla con su papel de dar mantenimiento al puerto, pues por algo cobran impuestos a las empresas pesqueras por tonelada de producto que embarquen a través de Malabrigo.

“En cada embarque se oscila enviar entre 8 mil y 10 toneladas, y la Empresa Nacional de Puertos (Enapu) cobra por tonelada enviada 3.5 dólares”, argumenta el presidente del Frente de Defensa de los Intereses de los Pescadores Marítimos y Terrestres de Chicama, Ricardo Gordillo Sipirá.

Las sumas sin restas de Enapu

Al multiplicar esta cifra nos da como resultado que Enapu capta por embarque un promedio de 112 mil nuevos soles (10 x 3.5 = 35, y 35 x 3.2 =112) que al multiplicar esta cantidad por los cuatro embarques que durante el año se realizan sólo en Chicama resulta 448 mil nuevos soles. Los mismos que no se invierten en el mantenimiento del puerto. La realidad lo demuestra y los pescadores lo han cuestionado incansablemente.

A pesar que intentamos comunicarse en dos oportunidades con la responsable de Enapu La Libertad, Cina Santamaría, sin embargo, su secretaria nos informó que ella se encontraba en Lima por cuestiones laborales.

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Una realidad perenne

Es de conocimiento público que la administración del puerto fue transferida al Gobierno Regional La Libertad a inicios del presente año, sin embargo, la entidad ha preferido mantenerse al margen de toda responsabilidad con Malabrigo hasta que Enapu le entregue el muelle en buenas condiciones, además de una partida mínima de dinero para iniciar su mantenimiento.

Los pescadores se muestran sumamente preocupados por este escenario que habitan, pues no existe día que dejen de mirar las extenuaciones del muelle que es su principal instrumento económico. Sus bases se exhiben oxidadas y temen que en cualquier momento se desplome por los muchos años de antigüedad.

Ellos no se han quedado atrás y han declarado luchar hasta lograr que el estado fije su mirado en este lado del litoral, de la nación. “Ya pactamos una cita con el Ministro de Transporte y Comunicaciones para que nos ayude a solucionar esta problemática, si de la reunión no obtenemos resultados positivos tomaremos medidas de fuerza y nosotros paralicemos las actividades en el muelle y en esta provincia”, sentenció.

En tanto, Laura continuará detenida en aquel balcón azul donde encuentra la plena confianza para transportarse al mundo de sus recuerdos. Aquellos buenos tiempos que le dieron alegría y satisfacción a su familia, cuando Enrique Gildemeister administraba el muelle en épocas de apogeo del azúcar (1900).  “Buenos tiempos que jamás volverán”, recuerda suspirando la anciana mujer.

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Un camino estrecho pero inmenso de flora, fauna y recursos naturales

Chigualén, riquezas escondidas (I parte)

Fiorella Sevedón Amaya

chigualen-1Desde lo alto se intentó avizorar el camino a nuestro destino, pero la neblina nos sugirió ser pacientes y esperar el arribo de la avioneta para encantar a nuestros ojos con lo existente en Pataz. Lugar ubicado en la sierra de la región La Libertad a 19 horas en bus y 45 minutos en avioneta de Trujillo, capital del departamento.

Los penetrantes rayos del sol hicieron que nos despojemos de los abrigos que llevábamos puestos, pues, era el inicio de nuestra travesía. Llegamos a las 11: 45 de la mañana al terrapuerto de Chagual, ubicado a 140 metros sobre el nivel mar. El piloto nos dio una clara lección de cómo se llega a suelo con montañas que impiden un despegue en línea recta. Se tiene la sensación de morir impactados sobre la roca, pero la destreza del maestro lo hizo esquivar a la gigantesca guarida de flora y fauna.

Chagual es lugar caluroso donde se respira aire puro. Habitado por diversos árboles frutales y plantas medicinales. Allí, nos esperaba una camioneta para trasladarnos al distrito de Pataz. Emprendimos el viaje de dos horas muy bien acompañados de un señor que hacía notar su autoridad. La furia del río Marañón era inevitable.

Ruta a Pataz

En épocas de lluvia es donde más entona sus melodías  compuestas por su caudal que se desliza en las curvas de la sierra liberteña. Siempre a nuestro lado izquierdo se exhibía a medida que subíamos las montañas.

chigualenDurante el trayecto la temperatura bajaba gradualmente. Ubicados a dos mil 200 metros sobre el nivel del mar, espectamos enormes montañas cubiertas de alfombras verdes, marrones y otros colores. El verde es predominante, pues, el Quinual, árbol de las mil capas, crece triunfante en el frío clima de las punas de Patáz.

Las aguas discurren por las cerros y dan lugar a hermosas caratas de agua cristalina que provocaba introducirse en su encanto. Mulas, toros, ovejas y otros animales de la zona, deambulan por la trocha carrozable como señal de bienvenida a todo visitante.

A las dos de la tarde llegamos al distrito, en su ingreso funciona el Centro de Información Parque Nacional del Río Abiseo, que nos proporciona la información indispensable para proseguir con nuestra visita. Aquí funciona un museo de sitio y el personal del Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inrena) nos brinda su apoyo como guías.

Pataz, es un pueblo pequeño, lleno de tradición y cultura. Al igual que la agricultura, la minería artesanal es una las actividades que prevalece. Las pozas de extracción del recurso mineral (oro) semejan a las imágenes que por primera vez transmitieron los astronautas cuando llegaron a la luna.

Camino a Chigualén

Al día siguiente, apenas los finitos rayos del sol se hacían notar por la nubosidad del lugar, emprendimos nuestro acceso a Chigualén. Partimos a la siete de la mañana y en tan solo 30 minutos en camioneta, llegamos hasta donde el camino lo permitió.

chigualen-3En este desvió los pobladores de la comunidad campesina Los Andes nos acogen y gustosos nos guían y facilitan sus caballos para poder acercarnos a la puerta de ingreso de la zona de amortiguamiento de Chigualén. A medida que nos sumergíamos en la cordillera, la sorpresa era mayor. Todo movimiento visual era una  escena diferente. Parecía un álbum de fotografías enormes, que solo se pueden hallar en los libros de geografía y atlas del Perú.

Rocas inmensas color pajizo, pastizales que envuelven colosales montañas, ganado que vive y se alimenta en cerros empinados, sin temor a desplomarse sobre las bravas aguas del Marañón. Niños que juegan con la lluvia y plantas silvestres que afloran y dan vida a Santa María, Pueblo Nuevo y Yalén. Lugares que se conectan entre sí, mediante la carretera afirmada y camino pedestre.

 

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